Durante años he escuchado lo mismo:
“Sabes, quería comprarte esto…”
“Quería hacerte esto…”
“Tenía el regalo perfecto, pero no pude comprarlo…”
“No tuve tiempo…”
Y siempre terminan diciendo lo mismo:
“Lo que cuenta es la intención.”
Pero la realidad es otra.
No, no es solo la intención lo que cuenta. A veces sí es el regalo. A veces sí importa el acto, el momento, el detalle. Ver cómo un día tan significativo para ti ocurre apenas un día antes de otra fecha importante termina opacándolo todo.
Nunca he ocultado mi frustración por eso.
Aunque, irónicamente, siempre recibí críticas por sentirme así. La famosa frase de:
“No importa qué día sea.”
Pero sí importa.
De mi grupo de amigos, yo era el único al que nunca le organizaban nada. Siempre fui aquel cuya fecha “lamentablemente coincidía” con algo más importante para todos los demás. A veces me pregunto cómo habría sido nacer un 14 de febrero.
Aunque quizá fue gracias a eso que, en aquel lugar, pude encontrarte a ti.
Después de años, encontré a alguien que entendía esa frustración.
Fue antes de mi cumpleaños. Caminaba por esa calle llena de contrastes y luces de neón cuando te conocí. Recuerdo tu voz cansada y tu genuino desinterés; creo que, en ese momento, a ambos nos daba igual el dinero o el encuentro. Solo queríamos un respiro.
Sentados, mirando la pared, recuerdo haberte preguntado tu nombre y tú el mío. Cuando respondimos, apareció una ligera sonrisa en nuestros rostros.
Hablamos de todo y de nada.
De la vida.
De conflictos internos.
De heridas que aún no lograban sanar.
Cuando te dije que esa fecha se acercaba, recuerdo que mencionaste que al día siguiente tú trabajarías y que, igual que a mí, casi siempre solo te felicitaban, pero cualquier celebración terminaba ocurriendo días después.
Nos miramos y volvimos a sonreír.
Y aunque yo quería decir algo, simplemente me quedé callado. Pero tú tuviste el valor de mencionar algo que, frente al público, suele verse como un capricho:
“No se siente igual celebrar un día importante una semana después.”
Tenías razón.
Me sorprendió mucho escuchar eso.
Recuerdo que hablamos durante horas sobre ese dolor, sobre la frustración y sobre cómo, a pesar de sentirnos tristes o vacíos, ambos manteníamos una sonrisa para disimularlo.
Por primera vez pude expresar realmente lo que sentía. Hablar de lo que de verdad pienso. Decir que, aunque agradezco la intención, muchas veces sí es el regalo lo que cuenta. Sí importa el acto. Sí importa el momento.
Y hoy, después de tantos años desde aquella vez, todavía me pregunto qué habrá sido de ti. Qué fue de tu vida. Qué caminos tomaste. A dónde te llevó el tiempo.
Nuevamente, Mónica.